LOS MUEBLES SE ESCAPAN, “hay que buscar un espacio en la cultura para el tocadiscos, el lavabo, el tenedor, el sombrero o la botella, no menos que a un monumento”

En 1946 el crítico de arte Alexandre Cirici escribió “hay que buscar un espacio en la cultura para el tocadiscos, el lavabo, el tenedor, el sombrero o la botella, no menos que a un monumento.” Desde luego la palabra “diseño” en España no se usaba en esa época y su concepto no se entendía como hoy.

 


Entre las disciplinas artísticas se reivindicaba un lugar, para un nuevo oficio, el de diseñador, aquel que piensa las cosas antes de que otro se las fabrique. El visionario Cirici había viajado y leído, y sabía que desde centro Europa se erigía una nueva disciplina con fuerza, que iba a cambiar nuestra sociedad. Efectivamente la posguerra y boom desarrollista de los años 60 fue engordando el concepto de diseño, un diseño que había de servir a la industria para generar nuevas formas, pero que a la vez se iba a convertir en símbolo expresivo del momento. Por un lado instrumento del capitalismo salvaje emergente, y por otro herramienta humanista de servicio al ser humano. En esa esquizofrenia continuamos hoy en día.

Una Plancha
Una Regadera

 

Visitar una feria en una ciudad se ha convertido en un ritual complejo. A las ferias ya no vamos a comprar, sino a vivir un simulacro o una experiencia. Simulacro porque encontramos escenarios ficticios, anticipatorios; y experiencia porque necesitamos relacionarnos físicamente, tocar los objetos, saludar a la gente. Las fotos de las revistas no bastan, las webs en Internet tampoco, lo dibimensional se hace insuficiente y seguimos necesitando celebrar anualmente el rito de la novedad, cada vez más urgente y deudora del vertiginoso mundo de la moda.

En estas citas feriantes, cada vez prima más la parte cultural, el experimento, el coqueteo con lo artístico. La venta es otro asunto paralelo retroalimentado. La ferias y las ciudades que las acogen han puesto de moda desde hace muchos años un circuito “off” donde verdaderamente se cuece lo singular. En el recinto ferial se mercadea, pero en la ciudad y sus show-rooms y espacios alternativos se exhibe el potencial efervescente de cada lugar. Todo se hibrida finalmente.

Podríamos contestar a Cirici que el lugar de estos objetos comunes relevantes, sillas, cafeteras o  lámparas, está a la vez en los museos y en las tiendas, pero sobre todo en los propios hogares, donde cumplen su función práctica y simbólica. Se han escapado de las fábricas y nos invaden por doquier con una presencia impositiva. Quizás esté llegando el momento de volverlas a poner en su sitio. ¿Pero cuál es su sitio hoy en día?

 

Alexander Cirici
Sombreros de diferentes estilos

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