MIGUE MARTÍ, “Me gusta mucho el diseño valenciano de los años 80 y 90. Creo que se fraguó en el lugar y momento idóneos”.

Migue Martí (Ontinyent – Valencia, 1987)

¿Qué fue primero: huevo o gallina? Me da igual, pero si tengo que elegir me quedo con el huevo por su bella morfología. ¿Qué torpeza tuya te gustaría borrar? No tengo torpezas tan grandes como para querer borrarlas. Incluso creo que tener torpezas es bueno y define la personalidad de cada uno. ¿Quién aprecia esa torpeza? Supongo que mi gente. Me interesa conocer las torpezas de la gente y adaptarme a ellas. Todos somos un poco freaks. Descríbete físicamente. Un tipo de un metro setenta y algo. Piel tímidamente morena complementada con una barba poco poblada. Lo que más le gusta a mi madre son unos hoyuelos en mi cara cuando sonrío. A veces mezclo ropa de forma un poco extraña pero tampoco soy demasiado arriesgado.

Migue Martí. Foto: Alejandro Benavent

Describe tu rutina preferida. La verdad que he tenido pocas oportunidades de tener rutina hasta el día de hoy. Soy amante del café sólo si es de bar. No me gusta demasiado pasar el día en una silla, aunque al parecer el diseño te obliga un poco a eso.  Prefiero un día con la agenda bastante ocupada y a ser posible que me obligue a desplazarme. Prefiero no tener rutinas. ¿Qué cosas, si pudieras, prohibirías en el ejercicio del diseño? Tener que hablar de dinero. De alguna forma somos románticos y nos sentimos recompensados simplemente con ver nuestro trabajo impreso. El problema es que acabamos desprestigiando nuestro trabajo y reventando el mercado del diseño.

¿Hay alguna injusticia frecuente que, como diseñador, te toque las narices? Cuando un cliente incumple el briefing. Sucede a menudo, y es una lástima porque los resultados serían mejores si el cliente nos escuchara. ¿De qué colegas diseñadores te sientes -estéticamente- próximo? Es difícil saberlo porque mi generación se ha formado en un entorno de muchísima información visual. Sí que es verdad que en ciertos proyectos intento respetar una identidad particular de mis orígenes y cultura. Por ejemplo, me gusta mucho el diseño valenciano de los años 80 y 90. Creo que se fraguó en el lugar y momento idóneos.

¿Hay algún software sin el que ya no podrías vivir? Los navegadores de internet. Lo son todo: información, política, cultura, relaciones sociales… Es lógico que necesite el software de diseño para trabajar, pero afortunadamente siempre existirán la tinta china y los lápices. Si me exiliara en una isla desierta no tendría que llevarme el pack de Adobe. ¿Hay algún grupo, en época pasada o reciente, al que hayas pertenecido y abandonado? ¿Por qué? Aún soy muy joven y no he tenido muchas experiencias en grupo. He ido cambiando de lugares según el momento, pero no tengo demasiada paciencia. Como dice mi amiga Marial Soy: “la vida se divide en periodos de seis meses. Nos cambia la vida cada medio año”.

Defínete. Me suelen catalogar como “bon xic”… no creo que acierten.  Pide a tu padre que te defina. Incansable e inquieto investigador de formas desde diferentes  perspectivas, siempre nuevas, reto constante y de fácil comunicación. ¿Frente a quién te quitas el sombrero? Frente a la gente feliz. Hay mil caminos y formas para ser feliz pero sólo unos pocos lo consiguen. También me gusta mucho la gente que ama su trabajo sin que eso le robe la vida.

¿Qué cosas han cambiado (para bien) estos últimos 6 años en Valencia? Así a primeras parece difícil encontrar esos cambios positivos… pero Valencia tiene una atmósfera particular que atrapa a mucha gente. Rascando un poco, destacaría que la sociedad valenciana es un poco más consciente de que los políticos no son tan importantes. Más vale tarde que nunca.

¿Cuál es la promesa más reciente que has roto? No volver a comunicarme con alguien. Realmente no sé si ha sido bueno romper esta promesa, pero no me he podido resistir. No me gusta prometer cosas ni fijar normas. Hay gente muy capaz de mantenerse firme, pero yo no soy así. ¿Cuál es el peor enemigo del diseño actual? El dinero. El diseño está en una línea entre el arte y lo comercial. Me parece incompatible. El diseño es muy adaptable a las nuevas tecnologías y a la globalización estética, sin embargo nunca está bien pagado.

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